miércoles, 9 de febrero de 2011

Capítulo Séptimo

Marte, dos de abril de 1.991.

           
            Por la mañana a las nueve cuando llegué al astillero observé que el barco ya no estaba, sobre las ocho treinta había salido hacia el puerto me comentó Juan el encargado de los carpinteros.

            En ese momento entró Peter en la nave y me dijo:

            -Armando, el inspector de buques irá al barco al final de la mañana, procura que este todo en orden para cuando él llegue y nos pueda dar el certificado-.

            -Estaré un rato en el despacho y después bajaré al puerto a ver cómo va la botadura y cerciorarme que todo está dispuesto para hacer las pruebas de mar-.

            Subí a mi despacho.

            Bueno empecemos el día, llamé al suministrador de efectos navales para que llevasen el equipo de salvamento del Nº 25 que está en el club náutico urgentemente, si pasara inspección de buques a final de la mañana y si faltara el material de seguridad y salvamento no nos darían el certificado. Les dije que sin falta como mucho en una hora. Además íbamos a salir a navegar para hacer las pruebas  del barco en la mar y el material de salvamento tenía que estar a bordo así como el ancla y la cadena.

Hice unas llamadas telefónicas organizándome para el viaje del jueves, preparando y repasando la liquidación del barco y contratando el seguro de transporte del mismo.

            Llamé a Electronaval para que me trajera un radio teléfono portátil, el mío lo tenía mal. Converse unos minutos con José María (el gerente) y le comente el viaje, invitándole a que me acompañara, sabiendo que se negaría, una porque tenía mucho trabajo y otra por que lo de navegar, lo justo y necesario.

            José María es un gran amigo mío, lo conozco hace más de diez años, es de mi misma edad, nos llevamos muy bien, además es el proveedor de la electrónica de los barcos, tiene una gran  empresa  y distribuye las mejores marcas del mercado, es el mejor, pero en esta ocasión el barco iba dotado de lo mínimo, solamente un V.H.F. de serie.

            Abrevié todo lo posible en las tareas de mi despacho ya que tenía que ir a la comandancia y no quería perderme las pruebas de mar del barco, me interesaba muchísimo y mas porque tenía que hacerme cargo yo de él y patronearlo hasta el puerto de El Masnou, con mayor motivo quería cerciorarme de su comportamiento y de su puesta a punto.

            El contable me dio la documentación del barco y el fax que había recibido de Cerdán con la fotocopia de la documentación de Gerardo la persona que venía a hacerse cargo del barco. Cuando me puse a repasar la documentación del tal Gerardo observé que no me había mandado el título de patrón, solamente el DNI lo cual me sorprendió mucho y me pregunté  ¿cómo coño se iba a hacer cargo del barco si no lo puedo registrar como patrón en la documentación de la Comandancia? Esto me sonaba a mí a tomadura de pelo por parte de Cerdán. Eso sí, si el tal Gerardo no se presentaba el miércoles por la tarde, por mis cojones que el barco no saldría el Jueves, lo aplazaría todo para la semana siguiente y entonces el que no iría sería yo.

Le dije al contable que yo me marchaba a la comandancia y al puerto, y que si surgía cualquier cosa que me llamara.

            Baje las escaleras, subí al coche y me dirigí a la Comandancia a visitar a mi amigo el Comandante Alameda.

            En la Comandancia de Marina el pasante me recogió la documentación y me inscribí yo como patrón de la embarcación y a Gerardo el chico que venía del Masnou, lo puse como marinero.

            Pregunté por el Sr. Comandante diciendo que le quería saludar, si no estaba ocupado. El ayudante se fue por el pasillo en dirección a los despachos, al momento salió y me comunicó que el comandante me recibiría enseguida.

            Salude al comandante Alameda, una gran persona, coincidimos en la escuela naval de la Armada en el C.I.A.F. (Centro de Información y Adiestramiento a Flote) donde se impartían las especialidades de Sonar y Radar, posteriormente también coincidimos  embarcados en el destructor antisubmarino D43 Marques de la Ensenada, que pertenecía a la 41 escuadrilla que estaba destinada en la Base de la Armada en Cartagena, nos unía una buena amistad.

D43 - Marques de la Ensenada  1.971
             El comandante era una persona muy recta y muy trabajadora, no era un tío de academia era un profesional que había entrado en la marina como especialista y había ido ascendiendo curso a curso hasta sargento y después ingresó en la escuela naval.

            Estuvimos charlando sobre el trabajo y la situación del astillero, recordamos algunas anécdotas de la armada y de la familia, fue un rato agradable.  Cuando nos despedimos, me recordó que tenía que traerle el certificado de Inspección de Buques cuando volviera el miércoles a recoger el pasavante de transporte.

Salí de la comandancia y conduje hasta el puerto deportivo, el cual conocía muy bien al haberlo dirigido durante tres años, allí es donde conocí a Peter que con el tiempo me ofreció la dirección comercial de su astillero.

           
El barco se encontraba en el varadero bajo de la grúa, le estaban colocando las bragas, dos cintas anchas que rodearían todo su casco, de la pluma de la grúa suspendía la enorme “H” hecha de vigas de hierro y que servía de separadores para que las bragas no apretaran en exceso la estructura de la embarcación, esperando poder levantarlo y proceder a su botadura.

            Víctor como siempre, allí estaba, organizando y diciéndole al personal lo que tenía que hacer, pendiente de todos los detalles para que la maniobra fuera perfecta. Esta maniobra es muy delicada, cualquier movimiento brusco puede hacer que el casco del barco se deslice de entre las bragas y pueda estrellarse contra el muelle, el barco se mantiene suspendido en el aire girando sobre su eje por lo cual hay que estar muy pendiente de la maniobra.

            La  grúa comenzó a levantar el barco hasta una altura de dos metros del suelo, la pluma giro en dirección al muelle, el contramaestre del club manejaba los mandos de la grúa y dos marineros dirigían los movimientos del barco con dos cabos amarados a proa y a popa para alinearlo con el muelle. El barco empezó a descender lentamente hasta que se posó en el agua.

            Víctor saltó a bordo y bajó a la sentina a comprobar que los grifos de fondo que alimentan la refrigeración de los motores no hicieran agua, así como los prensa estopas de las bocinas de los ejes  regularles a la mínima entrada de agua, estos necesitan que entre apenas unas gotas para así refrigerar los ejes cuando giran a elevadas revoluciones y evitar su calentamiento y desgaste por la fricción.

             A Víctor le gustaba hacer personalmente la primera comprobación y puesta en marcha de todas las embarcaciones que tocaban la mar por primera vez, era como un rito, una ceremonia, un privilegio. Esto no lo delegaba en nadie.

             A continuación amarraron el barco con dos cabos al muelle de la grúa y procedieron a liberarlo de las bragas y que flotara libremente.

             Esta operación de mantener el barco con las bragas hasta el último momento, se hacía para poder sacar el barco fuera  del agua lo más rápidamente posible si se le detectaba una vía de agua, todas las precauciones eran pocas.

            -Vosotros dos, aflojar las amarras y empujad el barco hasta la gasolinera- Dijo Víctor. La gasolinera se encontraba a  escasos quince metros y esta maniobra se hacía a mano, ya que los tanques de combustible del barco estaban vacíos y había que llenarlos para poder arrancar los motores y llevarse el barco a un punto de amarre.

            -Armando voy a llenar los tanques a la mitad para hacer las pruebas de mar, tenlo en cuenta para completarlos tu antes de hacerte a la mar el jueves- Me dijo Víctor.

            -Me doy por enterado Víctor, por cierto no entretengas las pruebas de mar, hazlas seguidamente, el inspector de buques viene hacia el medio día- Le dije.

            En dos minutos el barco estaba amarrado junto a la gasolinera y se dispusieron a cargar combustible, Víctor fue a comprobar que todos los latiguillos del combustible no tuvieran perdidas.
            -Quinientos litros Víctor- dijo el chico de la gasolinera.

            Una vez cargados los quinientos litros de combustible repartido entre los dos depósitos de que iba dotado el barco, Víctor abrió todos los grifos uno a uno comprobando que no perdieran y observar que el gasóleo llegaba a los filtros y a los motores, salió de la cámara de motores y nos dijo:

            -Voy a arrancar los motores y si no tenemos ningún inconveniente  salimos a la mar-

            ¿Tú vienes?

            -Si- Le contesté.

            -Quiero ver cómo se comporta en el agua esta unidad en especial, ya que la transporto yo al Masnou.

            ¿Y Pascal el electricista? Le pregunte.

           
            -Está viniendo, le acabo de llamar. Pascal es cumplidor, tú sabes que no falla nunca-

            -Quinientos litros Víctor- dijo el chico de la gasolinera.

            En ese momento llego Pascal.

            -Que, todo a punto- Dijo.

            -Vamos arrancar- Dijo Víctor.
  
            Subimos los tres a bordo. Pascal fue a comprobar las conexiones de las baterías a los motores y las tomas a tierra. Víctor se dirigió a la cámara de motores que se encontraba en el salón del barco para purgar las bombas inyectoras de gasóleo que alimentan a los volvos de 200 CV.

            Yo subí al puente alto para comprobar que las palancas de embrague estaban en punto muerto y después me situé en el puesto de mandos del salón, comprobé también la posición de las palancas de embrague y esperé a que Víctor me dijera que arrancara.

            -Armando, arranca estribor- Gritó Víctor desde la sentina.

            Giré la llave de contacto y el motor comenzó a toser queriendo arrancar.

            Víctor comenzó a acelerarlo directamente desde el motor, hasta que cogió un régimen normal de revoluciones.

            Salí a la bañera y me asomé a la popa para cerciorarme que por el tubo de escape estribor salía agua de la refrigeración.

            -Víctor, sale agua por el escape- Le dije chillando, ya que el ruido del motor era ensordecedor al estar las tapas de la cámara abiertas.

            -Después de estar rodando durante diez minutos, se procedió a detener el motor de estribor y comenzar a arrancar el motor de babor, el cual respondió perfectamente.

            Mientras los motores iban tomando su temperatura, Pascal y Víctor iban revisando conjuntamente todos los elementos mecánicos y eléctricos del barco, luces de navegación, claxon, limpiaparabrisas, flaps, iluminación interior, cocina, termo eléctrico, bombas de achique manual y automáticas, las tres formas de accionar el molinete desde el puente alto, desde el puesto principal y desde el mismo molinete y el V.H.F. la radio del barco. Lástima que el armador no lo hubiera dotado con piloto automático, plotter y G.P.S. me hubiera facilitado la navegación, esto ha sido una mala elección del cliente, siempre sale mejor instalado y probado desde el astillero.

            Llego Rafael  con todo el equipo de salvamento.

            -Armando, ¿donde colocamos esto?-

            -Ves subiéndolo todo a bordo y lo vamos colocando- Le dije.

            Cambiamos las defensas viejas provisionales que traía del astillero por las seis defensas nuevas; los cuatro chalecos salvavidas, las bengalas, el cubo, las balizas fueron a parar a los cofres del camarote de proa; los aros salvavidas, se amarraron en los pasamanos de proa, los dos extintores uno fue a parar a la cocina y el otro aun armario de la bañera, debidamente amarrados con sus sujeciones a los mamparos y los cien metros de cabo estibados en un cofre de la bañera.

            Teníamos todo lo necesario para realizar las pruebas de mar y comprobar el comportamiento del barco en su elemento.

            Como no vino ningún barco a repostar continuamos haciendo nuestras comprobaciones abarloados en el muelle de la gasolinera, hasta que Víctor dijo:

            -Vamos a salir a navegar-

            Entre al salón conecté el V.H.F. Sintonice el canal 9 y llamé al Club Náutico.

            -Aquí embarcación Seamar 900 llamando al Club Náutico de Santa Pola ¿me recibe? Cambio.

            -Aquí C.N. De Santa Pola, le recibo fuerte y claro Seamar. Cambio.-

            -Estamos saliendo a navegar para hacer pruebas de mar y probar equipos. Gracias por contestar, yo también le recibo fuerte y claro. Corto-.

            Subí al puente alto y me puse al mando de la embarcación. Víctor y Pascal se situaron en disposición de soltar amarras en proa y popa respectivamente. Desde arriba observé que habían aligerado las amarras y grité:

            -Pascal suelta proa-

            Con el timón a estribor, di avante lentamente al motor de babor y el barco pivotó a estribor ayudándose de la amarra de estribor.

            -Víctor suelta popa- Le dije.

            El barco salió navegando librando las embarcaciones grandes atracadas en el pantalán de cemento  paralelos al espigón de poniente hacia la bocana del puerto.

            Víctor recogió las defensas y Pascal subió conmigo al puente alto.

            Cuando salimos del puerto bajamos al puesto de gobierno del salón donde estaba Víctor y desde allí comenzamos las pruebas de mar. Víctor me dijo:

            -Vamos a comenzar en mil quinientas vueltas y subiremos de quinientas en quinientas hasta el tope de motores a las tres mil-

            -Entendido- Le conteste.
   
            Tomamos rumbo Sur y fuimos comprobando revoluciones y velocidad hasta llegar a los treinta y dos nudos de velocidad máxima a tres mil doscientas rpm. Hicimos un giro de 180º pusimos rumbo norte hacia tierra, se comprobaron temperatura de motores, comportamiento de la dirección y estabilidad del barco, comportamiento de los flaps, vibración de ejes entre otros puntos vitales de la embarcación.

            -Vamos a correr la milla- Me dijo Víctor.

            Correr la milla, consistía en pasar a la máxima velocidad entre dos puntos prefijados por dos marcaciones y cronometrarlos, de esta forma se sabía con exactitud la velocidad máxima que hacía la embarcación, esta operación había que hacerla dos veces a rumbos encontrados, es decir una de ida y otra de vuelta. Había que tener en cuenta el estado de la mar y la dirección del viento.
  
            Víctor se preparó con los prismáticos, el cronómetro y una tablilla, listo para que cuando estuviéramos en posición tomar las marcaciones y arrancar el cronómetro y pararlo en su momento.

            A una distancia de media milla de la bocana del puerto puse rumbo 080º paralelos a  la costa y aceleré al máximo. En un minuto llegamos a la primera marcación que se encontraba en la perpendicular de la farola verde del espigón del puerto y la torre de la grúa del Club Náutico.

             El barco se deslizaba con suavidad pero con firmeza.

            La segunda marcación estaba situada en la perpendicular del espigón de la playa de levante llamado “el portaaviones” y la casa que se encuentra en su vertical.

            Hicimos un crono de 112 segundos lo que equivalía a 32,143 nudos

            Seguí navegando al mismo rumbo durante una milla más aminore la marcha e hice un giro a estribor de 180ºy rumbo 260 hacia el puerto y aceleré hasta poner los motores a su máxima potencia, volviendo hacer el mismo recorrido pero a la inversa y cronometrando en los mismos puntos para sacar un promedio entre los dos recorridos.

            Los resultados fueron de 117 segundos de crono por lo que nuestra velocidad había sido de 30,770 nudos.
            Terminada la prueba, bajé la velocidad, caí a estribor y me dirigí al puerto

            Cuando llegamos al amarre nos estaba esperando el inspector de buques. Amarramos el barco de popa al pantalán, salí a la bañera para recibir al inspector.

            -Buenos días ¿cómo han ido las pruebas? Nos preguntó, mientras subía a bordo saltando a la plataforma de baño agarrándose al pasamanos.

            -Perfectas- Le respondí yo.

            Saludó a Pascal y a Víctor y pasó al interior.

            Víctor, le enseñó los resultados que habíamos obtenido en las pruebas de mar, a continuación le mostramos todo el equipo de salvamento mientras el inspector iba tomando nota en el certificado como que estaba correcto. Como el barco era de serie y no era la primera unidad, no hubo necesidad de hacerle las pruebas de estabilidad con sacos de tierra como lastre, aunque la Inspección de Buques podía exigirla cada cierto número de unidades, pero este no fue el caso afortunadamente, también es cierto  que para hacerlo nos hubiera tenido que avisar con días de antelación para preparar el lastre.

            Cuando terminamos de inspeccionar el barco firmo el certificado y me lo entregó, cosa que le agradecí, también le di las gracias por que hubiera venido  hoy ya que como bien le había explicado Peter salíamos de viaje el jueves de madrugada y para que nos extendiera el permiso de transporte la Comandancia necesitábamos el Certificado de Inspección de Buques.

            José Enrique, que así se llamaba el inspector, se marcho muy satisfecho, sabiendo que nos había hecho un gran favor y que nosotros se lo habíamos agradecido.

            ¿Que le falta al barco? Le pregunte a Víctor.

            -Repasar el poliéster aquí en el exterior y que los tapiceros traigan las colchonetas y las cortinas y mañana por la mañana un baldeo y listo- Me respondió.

            -Pues vayámonos a comer que ya es la una y media- Dije yo.

            Por la tarde cuando estaba sentado en mi mesa de la oficina, pensé que como era una tarde tranquila no tenía programada ninguna entrevista ni tampoco salir a visitar a cliente alguno, no estaría mal que planificara la ruta del viaje desde Santa Pola al puerto del Masnou, calcular los distintos rumbos hasta llegar a destino.

            En un al fondo del armario situado de tras de mí, tenia guardados en un estuche tubular toda mi colección de cartas náuticas de la costa española, estos mapas los iba adquiriendo conforme los necesitaba cuando salíamos a entregar o a probar un barco en las distintas zonas de nuestras costas, eran unos mapas magníficos confeccionados en un material plástico se podían hacer anotaciones, cálculos, trazar líneas sobre ellos sin deteriorarlos. Abrí el tubo saque todas las cartas y seleccioné las dos que cubrían la zona de costa por la cual iba a navegar el jueves día cuatro, guarde el resto en su estuche y desplegué los que me interesaban encima de la mesa.      

            En uno de los cajones, dentro de una bolsa, tenía guardados una regla, una escuadra, un cartabón, un transportador de ángulos, un compás y tres lápices de cera azul, negro y rojo, material imprescindible para poder trazar rumbos y hallar coordenadas y que me acompañaban en todos los viajes por mar, al emplear lápices de cera, se evitaba rayar y marcar las cartas y tenían una fácil limpieza, los saqué y los distribuí sobre los mapas.

            Encendí un cigarrillo le di una calada y me puse a la faena, esto de manejar las cartas trazar rumbos y sacar coordenadas me gustaba mucho, era muy entretenido además de ser muy importante, vital diría yo, saber en cada momento de la travesía donde se encuentra uno y que es lo que vas a hacer con antelación, me recordaba mi época de la escuela naval en Cartagena y años después más recientemente durante los estudios de las diferentes patronías.

             Cogí la regla la coloque sobre la carta y trace una línea azul que unía la bocana del puerto de Santa Pola con el vértice del Cabo de Santa Pola, con el compás tome la distancia y la llevé a la escala, 2,5 millas, con el transportador de ángulos calculé el rumbo al 083º; el siguiente punto era  llegar al Cabo de la Nao, que después de trazar la línea que lo unía al Cabo de Santa Pola dio una distancia de 50 millas a rumbo 049º.

            A partir del Cabo la Nao se me presentaba la duda de hacer rumbo directo al Cabo Tortosa que se encuentra en el Delta del Ebro, lo cual representaba separarse de la costa más de treinta millas  y perderla de vista durante más de media travesía, no, esta ruta no me convencía nada, el barco no llevaba instrumentación adecuada, era preferible ir más próximos a la costa aunque invirtiéramos más tiempo en la travesía, tampoco teníamos ninguna prisa y en la mar todas las precauciones son pocas. Tracé un rumbo 335º y una distancia recorrida de 49 millas que me situaba a cuatro millas de la perpendicular del puerto de Valencia.

            Como no me ha gustado navegar nunca al oscurecer entre dos luces,  porque todos los gatos son pardos, decidí que a las seis de la tarde era una buena hora para recalar a puerto para repostar y pasar la noche. Pensé en Vinaroz, un puerto que ya había recalado allí en otras ocasiones, también conocía un buen restaurante para cenar bien, ya que  llegaríamos con buen apetito, pero me habían hablado muy bien de Alcocebres y de su puerto deportivo de Las Fuentes, un sitio de nueva construcción y tranquilo. Me decidí por este último, siempre es bueno conocer lugares nuevos, lo localicé en la carta y trace una línea hasta la bocana del puerto que la tenía abierta al Sur. Distancia de Valencia a Las Fuentes 53 millas a rumbo 025º  pegados a la costa.

            Total recorrido para el jueves día cuatro, ciento cincuenta y dos millas como mínimo, a un promedio de velocidad de 20 nudos escasos, entre ocho y nueve horas de viaje, mas la salida de Santa Pola y entrada en Las Fuentes que se hace a muy poca velocidad, diez horas si todo va bien. Si nos coge algo de viento o mala mar, Dios sabe, que prefiero ir cerca de la costa.

            Todos estos datos, los fui anotando  en el centro cada una de las líneas de derrota que componían la ruta de Santa Pola a Las Fuentes  “Rumbo y Distancia”

            Bien, ahora continuaría con la segunda parte de la ruta, Las Fuentes- El Masnou para el viernes día 5.

            Lo que quedaba por trazar era más que sencillo, coloque la regla en la salida del puerto de las Fuentes y la oriente a la punta del Delta del Ebro en el cabo Tortosa separándome justo a tres millas de la costa esto suponía una distancia de 46 millas al rumbo 045º y lo anote con el lápiz de cera en la línea de rumbo, a continuación tracé la línea que unía el cabo Tortosa con la perpendicular al Delta del Llobregat, a la altura del aeropuerto del Prat, dándome un rumbo al 060º y una distancia de 72 millas, la distancia más larga de todos los tramos parciales y la que más me alejaba de tierra la pasar frente al Golfo de San Jordi y por último, rumbo 032 pasando a escasa milla y media del puerto de Barcelona, derechos hacia la bocana del club náutico de El Masnou 13,5 millas y final de ruta. Millas recorridas 131,5.

Ruta prevista

       

              Total del viaje 285 millas y pico, porque entre maniobras, estradas y salidas de puerto, alguna milla mas lo que significaba más tiempo en el viaje, pero bueno trataríamos de disfrutar de la travesía.

           
-Pasaría la noche del viernes en El Masnou y al día siguiente sábado regresaría a casa en  tren, entre llegar, desembarcar ir a comer algo, descansar un poco y había que liquidar el barco-

            ¡Coño!, eso era un problema, porque me darían efectivo y yo no me iba hacer cargo del dinero el viernes por la tarde, tendrían que  dármelo el sábado por la mañana y tomar el tren del medio día el que sale de Barcelona a las 12h00, por lo que llegaría a Alicante a las seis de la tarde-
            Bueno, mañana hablaría con Cerdán para organizar la recepción del barco y mi estancia allí.

            Había terminado con los cálculos en las cartas, recogí todos los artilugios de cálculo los metí en su bolsa, enrollé los mapas y los até con una cinta, luego iría a buscar al despacho de Peter un canuto de algún plano de barcos para guardar las cartas y protegerlas durante el viaje.

            Bajé al astillero y me dirigí al taller de tapicería para averiguar si ya habían llevado las colchonetas y las cortinas al barco, al llegar le pregunté a Pedro a lo que contestó que lo llevarían todo a última hora de la tarde y que se quedaría montado.

            A las siete y media de la tarde estaba cansado y tenía ganas de ver a los míos, salí del astillero subí al coche  y me marche para casa.

            Cuando aparque en Cabo Verde, así se llama la urbanización donde pasamos los veranos y la Semana Santa como ahora y cada vez que podemos tomarnos unos días de asueto, me encontré con mi hijo mayor que andaba con sus amigos, se acercó a mí para saludarme y aproveche para decirle si había cambiado de parecer y me acompañaba en el viaje, a lo cual me contesto que no que prefería quedarse.

            Bueno, por mí no había quedado en insistirle para que viviera una pequeña aventura.

            Posteriormente cuando me reuní con mi mujer se lo comente  ella lógicamente estaba de acuerdo con el chico y me dijo que no le insistiera más.

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lunes, 7 de febrero de 2011

Preparándo el viaje ---------- 2ª Parte * Capítulo Sexto




Lunes, uno de abril de 1991.

            -Armando, ha llamado el Sr. Cerda para comunicarnos que el cliente y el no pueden venir esta semana a hacerse cargo del barco,  mandan a un patrón para su transporte de Santa Pola al puerto de El Masnou - Dijo nuestro secretario.

            -Haz el favor de llamarlo, quiero hablar con él- Le contesté.

            El astillero estaba con una actividad frenética, con atrasos en las entregas de embarcaciones, discusiones con los clientes por no haber cumplido con los plazos de  entregas de Semana Santa por lo cual los ánimos están bastante alterados y ahora el bróker de Barcelona calentando más el ambiente. Había media docena de barcos en proceso final que estarían casi de inmediato para ponerlos en el mar y se necesitaban los carros de transporte y los atraques en el puerto, por lo que cualquier atraso en las entregas originaba un tapón.

            En nuestro astillero construíamos cuatro modelos de barcos, el más pequeño de siete metros y medio de eslora, un barquito de pesca paseo para el litoral muy agradable; también hacíamos uno de nueve metros que era el que más aceptación tenía y el que nos producía los atascos en la producción, era un crucerito muy simpático familiar con dos camarotes, aseo, un salón con patronera muy agradable, la  bañera suficiente para poder practicar la pesca de fondo y curricán al mismo tiempo que se le podía colocar la mesa del salón y actuar como una agradable terracita  y el puente alto con puesto de mando y asiento doble, fácil de construir porque lo hacíamos muy en serie uno de tras de otro sin parar y con el afán de incrementar la producción no sabíamos decir que no a los clientes. Era un producto en línea de fabricación muy dinámico pero cualquier anomalía nos frenaba el proceso.

            Yo, dentro de mi cometido como responsable de la comercialización de la producción animaba constantemente al incremento de la misma por lo que constantemente a la mínima ocasión le decía al jefe:

            ¡Venga, uno más que podemos!

            El mercado tiraba bien, habíamos conseguido unos modelos de barcos muy comerciales a unos precios muy competitivos por lo que había que aprovechar la bonanza en las ventas ya vendrían tiempos más complicados y se reduciría el número de barcos a fabricar, esto  hacia ir de cabeza a todo el astillero. Producción, porque se le pedía más horas de trabajo y había que conseguir más mano de obra cualificada cosa que era bastante difícil ya que en la construcción de un barco se necesitan prácticamente gente de todos los oficios pero trabajando de una forma distinta a como se trabaja en tierra, por lo que se hacía difícil conseguir personal adecuado, se utilizaba la picaresca, a la menor ocasión que se nos presentaba le quitábamos un operario a la competencia que casi la teníamos pared con pared, como los operarios de una y otra empresa se veían en una cafetería a la hora de almorzar, los encargados aprovechaban para captar al personal. En el almacén de existencias y suministros, se  cambiaban las programaciones de suministros constantemente al variar los rendimientos y necesidades de fabricación, por lo que se hacían inventarios constantemente y los lugares de almacenaje de existencias se quedaban pequeños. Yo en comercialización y entregas me pasaba la vida viajando visitando clientes particulares, empresas náuticas para captarlos como distribuidores en todo el territorio nacional y ya empezábamos a hacer nuestros pinitos en el mercado internacional, estábamos sondeando Portugal así que cuando estaba en fábrica me peleaba con todo ser viviente, con dirección para intentar ampliar producción, con fabricación para conseguir las fechas de entrega y mejorar el producto y conseguir el montaje de accesorios extras que se pedían en el último momento y que contribuían a desestabilizar la producción y por lo tanto las entregas, pero que por otro lado daban pingues beneficios. Los clientes, si su majestad el cliente, que exige la máxima calidad del producto, intentando hacer cambios cada vez que viene a visitar su barco para comprobar el estado en que se encuentra y ver los avances que se han producido desde su anterior visita.

            Bueno, como se puede imaginar un inmenso trabajo de una empresa joven que quiere evolucionar y situarse, pero si queríamos  progresar y dejar de ser un astillero pequeño, debíamos trabajar más y mejor y no perder oportunidades.

            Últimamente habíamos empezado la construcción de dos nuevos modelos, un pesca crucero de diez metros y medio de eslora con dos motores de doscientos cincuenta caballos cada uno y un crucero con tres camarotes de doce metros con motores de trescientos caballos, embarcaciones con más envergadura para hacer travesías más largas y con más comodidad.

            Se estaban empezando a entregar las primeras unidades y no iba mal la promoción, desde que los presentamos a las revistas especializadas en el mes de noviembre con unas jornadas de pruebas en la mar para que pudieran ver su comportamiento y su rendimiento y pudieran hacer generosos reportajes,  un mes después en la feria náutica de Barcelona se expusieron al público en general tuvieron una gran aceptación por parte de nuestros clientes y ya teníamos peticiones de cambio de la 900 a la 360 y la 1200 que es así como se llaman los nuevos modelos.

            Las perspectivas eran halagüeñas.

            Sonó el teléfono.

            -El Sr. Cerdán en línea, Armando- Habló el contable.

            ¿Cerdán, como estas, que ocurre que no podéis venir? Pregunté

            -Hola, Armando, el tío este se ha marchado de viaje a solucionar unos temas de su empresa y hasta la semana que viene no regresa-. Me dijo.

            ¿Coño y que esperas para programarte tú el viaje para venir a hacerte cargo del barco de tu cliente, Cerdán?

            -Imposible amigo, me vienen unos clientes viernes y sábado a cerrar una operación de otra embarcación para entregar este verano y me es del todo imposible bajar yo a Santa Pola, así que te envío un patrón que se haga cargo del barco y por favor que le acompañe un mecánico tuyo-  Argumento Cerdán.

            -Cerdán. Le dije. Sabes que las embarcaciones tienen que salir debidamente documentadas y con la totalidad del pago efectuado, por lo cual si no efectúas la liquidación de la misma no la puedes retirar del astillero. Tú eso lo sabes, es cualidad indiscutible, está contemplado en el contrato de distribución y en el contrato de compraventa de las embarcaciones-.

            ¡No entiendo cómo me propones esta anomalía! Sabes que no va a poder ser.

            A lo que me respondió: -No te preocupes tengo todo el dinero aquí, ya he liquidado con el cliente conforme a tus facturas, tanto del barco como de los extras-

            -Sí, pero lar liquidaciones se hacen en origen, no en destino, sabes que del astillero no sale un barco sin estar pagado, no me vale que me lo abones en Barcelona, son normas de la casa. En el transcurso del viaje pueden pasar muchas cosas. No tengo ganas de problemas añadidos y también debes saber que no me puedes transferir todas las cantidades, por la forma que está hecha la operación, esa concretamente, Cerdán.

            Así que no me jodas, vente para acá y hagamos las cosas bien. Le argumenté.

             Me es imposible Armando.

            Bueno...pues el barco se queda aquí, no hace falta que envíes  ningún patrón, el barco no se va, arréglatelas como puedas Cerdán, ¡adiós!

            ¡Me cago en todo lo cagable!

            El barco lo echo al agua y lo amarro en el puerto y que vengan cuando quieran. Pensé.

A media mañana sonó el teléfono.....

            -Armando, el barco de Cerdán tiene que salir del astillero como sea-

            -No tenemos sitio en el astillero, el puerto nos pone dificultades para dejar el barco allí y lo más importante necesitamos hacer efectivo- Me dijo el gerente.

            Le conté al gerente la conversación que mantuve con Cerdán a primera hora de la mañana y además le argumenté:

            -Peter, el barco está sin liquidar, sabes que es un riesgo y va contra nuestras normas, es cuestión de esperar a la semana próxima que se desocupe Cerdán que al fin y a la postre no viene porque estará vendiendo otro barco para nosotros y  el armador estará de regreso para el lunes o martes  y así uno u otro vendrá para hacerse cargo de la embarcación. El problema de sitio en el puerto deportivo me encargo yo de solucionarlo, eso no va a ser ningún problema. No tenemos ninguna necesidad de cargarnos con el riesgo del viaje y además no disponemos de ningún mecánico libre para embarcarlo con el patrón que envíen y Víctor en estos momentos menos que nunca.- Le dije yo.

            -Armando, por necesidad hay que hacerlo, ya me ha llamado Cerdán y me ha explicado la situación que tiene y de la negativa tuya a hacer la entrega en el Masnou, pero ya te he explicado también la nuestra y no veo otra alternativa que organizar la entrega del barco en destino muy a nuestro pesar-

            -Organiza los preparativos para poder salir el jueves a navegar-

            -El miércoles llegara una persona que envía Cerdán para ayudar a la navegación, se supone que es un patrón- Dijo Peter y colgó.

            Me cago en todo….., pensé yo.

            Bajé a fabrica en busca de Víctor nuestro encargado jefe, hombre súper eficaz que sus misiones eran varias, controlaba la producción en especial todo el tema de mecánica, era el mejor mecánico montador del contorno y un especialista en soldaduras de acero inoxidable, organizaba las maniobras de carga de los barcos en los remolques especiales para su traslado al puerto para su posterior botadura, estaba siempre presente en la primera puesta en marcha de todas las embarcaciones y las probaba en la mar hasta que estaban a punto y en numerosas ocasiones acompañaba como mecánico las embarcaciones que se trasladaban por mar a su destino. A mí me gustaba mucho llevarlo de mecánico y de compañero de viaje cuando las transporto yo. Se comporta como un buen compañero y un  gran profesional. Antes de soltar amarras para hacernos a la mar revisa la embarcación de arriba abajo sin dejarse un solo detalle, el día anterior de partir se preocupa del equipamiento de la misma y durante la navegación controlando en todo momento el buen funcionamiento de las máquinas cada hora hacía una inspección visual a los motores, ejes, bocinas y posibles entradas de agua, atento al menor ruido o rumor sospechoso, mimando el barco en el  menor de los detalles, le gustaba ponerse al timón, preguntaba los detalles de las cartas de navegación, ayudando en las maniobras de zarpar y de atraque, un gran tipo, yo le llamo cariñosamente “Mivi” (mi Víctor) 

            Encontré a Víctor  metido en la sala de máquinas de un doce metros revisando la instalación de la alimentación de carburante repasando las conexiones de los depósitos principales de carburante y sus conducciones así como la toma de llenado de los dos motores de 300 C.V. Volvos que montaba.

            -Víctor, ¿cuando podemos tener el 900 “Nº 25” en el agua?


            Salió del lugar donde se encontraba y me dijo:
            -El barco de Cerdán, están terminando de montar los sofás del salón los carpinteros, después los tapiceros colocarán las colchonetas de los camarotes y del salón, esta tarde lo cargamos en el carro y si todo va bien, perfectamente podemos trasladarlo al puerto mañana por la mañana a primera hora, ese barco ya está molestando aquí, mañana mismo sacamos del molde otro igual y no hay hueco, no hay más sitio en la nave de montaje que el del “Nº 25”, así que por cojones tiene que ir fuera, tenemos que sacarlo ya-.

            -Genial- dije yo. Ese barco tiene que salir el jueves de madrugada para el Masnou, hay que hacerle todas las pruebas y la puesta a punto mañana mismo tiene que quedar en orden para navegar por la tarde-.

            -Ya que estas aquí vamos a echarle un vistazo y a meterle aire a la gente-.

            El barco estaba sobre su cama de montaje, ya le habían dado la imprimación al casco y le habían pintado la línea de flotación, desde tierra destacaba su afilada y esbelta proa con ganas de que el mar  acariciara sus delicadas formas, era para lo que estaba hecho para surcar la mar y proporcionar días de placentera navegación a su armador, bonitos amaneceres y relajantes atardeceres.

            Subimos a bordo por una escalera auxiliar que estaba situada en la popa del barco, la escalera coincidía con la plataforma de baño en la cual ya habían colocado la escalerilla de acero inoxidable para bajar y subir al barco desde el agua. 

            El barco era un hervidero de trabajadores, había que tener mucho cuidado para moverse. En un barco en construcción hay trampillas abiertas por doquier, en la bañera la escotilla de la pre­-cámara de motores se encontraba abierta, constituyendo un peligro si no se circulaba con mucha precaución.

            Entramos en el salón y encontramos a Juan el carpintero y a su ayudante colocando cuidadosamente los muebles  del salón, finos muebles de nogal que iban encajando perfectamente en sus alojamientos, los muebles de una embarcación tienen que estar fuertemente anclados a la estructura del barco pero a la vez tienen que ser fácilmente desmontados y disponer de accesibles registros ya que prácticamente todos van sobre cubiertas, sollados que en muchas ocasiones hay que desmontar para poder acceder a partes vitales del barco.

            Pascal (el electricista) sujetaba en los techos la potente iluminación halógena, pequeños puntos de luz que dan una claridad extrema a los compartimentos eso significaba que estaba finiquitando la instalación, la instalación en un barco es súper compleja, pueden llevar hasta tres tipos de voltaje, 12 voltios de corriente continua para los equipos de ayuda a la navegación como son los equipos de Radar, Plotter, Piloto automático, Sonda, Radio teléfonos, la iluminación interior del barco así como las luces de navegación también son de 12 c.c.; el voltaje de los motores es de 24 v. c.c. y lleva un circuito independiente de 220 v de corriente alterna que se alimenta de una toma de puerto o de un generador para posibles equipos de tierra que llevemos a bordo.  Andrés el fontanero daba los últimos toques a un grifo de fondo de los aseos. Una observación todos los barcos llevan agua dulce para uso de aseo pero no es recomendable utilizarla para consumo humano.
             En cubierta, los poliesteros y los pulidores se afanaban  repasando los pequeños defectos del poliéster del casco como las juntas de los arcos del radar, asientos de poliéster, cuadros de mandos, todo esto piezas de poliéster que se ajustan formando el casco y cubierta y cabina del barco y que hay que ajustar y después pulir a brillo, trabajo que repasarían de nuevo cuando el barco estuviera en el puerto a la luz del día a la luz natural sin sombras ni oscuridades-Gente muy minuciosa y pulcra los poliesteros-

             En el puente alto, Pedro el mecánico se peleaba con las palancas de embrague y aceleración parece ser que algún problema le daban los cables de empuje, estas piezas son fundamentales, estas palancas sirven para dar avante al barco y para frenarlo, no tiene otra forma de parar que dar un ligero toque a los motores atrás para parar el avance del barco, así mismo si el barco va dotado de dos motores como los nuestros estas palancas sirven también para que el barco cambie de rumbo y para hacerlo girar sobre su vertical o sea sobre si mismo girando en redondo, estas maniobras se hacen sobre todo en a la hora de atracar y de zarpar, prácticamente no se utiliza los timones..

            Víctor, les daba instrucciones y les indicaba que tenía que estar todo en orden y acabado a las seis de la tarde ya que a esa hora comenzarían a levantar el barco con los quinales para colocarlo sobre el carro de transporte y no podía haber nadie a bordo.

Al bajar del barco por la escalera de popa observe que habían comenzado a darle la patente al casco del barco, esta pintura especial se aplica sobre la imprimación y sirve para evitar que el caracolillo se incruste en el casco y le produzca daños al mimo en forma de pequeños agujeros que pueden hacer que se origine la temible ósmosis.

            Fuimos al taller de tapizado que se encontraba en los altillos de una de las naves y Antonio el “Tapi” nos enseñó todo el conjunto de lo que ellos confeccionaban para el barco, los cojines para las literas del camarote de invitados los del camarote del armador, colchonetas para las literas de los dos camarotes, las colchonetas del solárium de proa de color blanco y ribetes azul marino, los asientos y respaldos de los sofás del salón confeccionados en telas estampadas resistentes a las manchas los asientos y respaldos y reposa-brazos del puesto de mando del salón, los asientos y respaldos del sillón del puesto de mandos de puente alto confeccionados de un material resistente al sol y a la humedad, y las cortinas de todas las ventanas portillos y cristaleras del salón, allí estaban todos los accesorios textiles del “Nº 25”. Todo el equipo de tapicería estaba listo para que cuando el barco hubiera pasado todas las pruebas de mar y saliera el último mecánico de abordo, ellos serían los últimos en entrar y acabar de colocar los tapizados y las cortinas, con el remate de ellos el barco estaría listo y en orden de marcha y ser entregado a su armador...

            Dejé a Víctor peleándose con los obreros y me dirigí a mi despacho.

            El jueves de madrugada navegaré  el 900 “Nº 25” para El Masnou-

            Llamaré a Cerdán para que me mande un fax con  los datos de la persona que va a venir para hacerse cargo de la embarcación y le preguntaré a Peter que mecánico le va a acompañar y al mismo tiempo que me den sus datos.

            Con los datos de la tripulación y del barco me pondría en contacto  con  la Comandancia de Marina para que emitieran el pasavante de transporte para la navegación y   esta misma mañana  les llevaría toda la documentación.

            Cuando llame a Cerdán le advertiré que contrataremos una póliza de seguro de transporte para el viaje y que se la incluiremos en  la factura.

            Espero que no haya más problemas. Pensé.

            La puerta de mi despacho se abrió y entro Peter.

            -Armando tienes que irte tu en el barco, no me puedo desprenderme de ningún mecánico, ya sabes cómo llevamos el trabajo, vamos sobre límites.

            -Que valla Víctor- Le dije.

            -No, del todo imposible, están haciendo todos horas extraordinarias incluso el sábado y no lo puedo dejar marchar, esto sería un caos sin él, así que te toca hacer el traslado y a demás tienes que hacer la liquidación del barco con Cerdán- Me dijo Peter.

            -Bien, si no hay más remedio haré yo el transporte, pero no me hace mucha gracia. Siempre tenemos que sacarles las castañas del fuego a los demás-.
            -Por cierto Peter, ponte en contacto con el inspector de buques y que venga mañana martes, me gustaría salir a navegar con toda la documentación en orden, te lo digo porque tú tienes mayor ascendencia sobre él y no te pondrá ninguna pega-

            -Ahora le llamo, no habrá ningún problema-

            Abrió la puerta y se marchó para seguir con su trabajo.

            Peter, gerente y dueño del astillero, era un tío muy dirigente y trabajador, era el primero en llegar y el ultimo en marcharse todos los días, andaba con su guardapolvo ocupándose de todo, siempre estaba metido en los barcos. Su profesión de carpintero de ribera lo había mamado desde niño, ya su padre y su abuelo lo fueron antes que él,  interpretaba los planos del ingeniero naval y trazaba los cascos con la ayuda de su carpintero de confianza. Sí, era una persona que se había hecho así misma con mucho coraje y mucho trabajo, había empezado de la nada y poco a poco rodeándose de gente competente había conseguido que el astillero gozara de un reconocimiento a nivel nacional.
           
            Seguí con mi trabajo, reorganizando mi agenda de compromisos para el jueves, viernes y sábado, ya que al salir de viaje de esta forma imprevista, tenía que anular algunas citas.

            A última hora de la tarde el barco estaba siendo izado con los cabrestantes para situarlo encima del carro de transporte y quedara listo para ser remolcado al día siguiente martes a primera hora de la mañana hacia el club náutico para su posterior botadura.
            Víctor andaba dirigiendo la maniobra un tanto delicada por los pesos que se movían y las inercias que se ocasionaban, consistía en embragar el barco con dos cinchas, elevarlo por medio de  cuatro  cabrestante, separarlo de las cunas donde había permanecido durante todo el proceso de construcción, meter el carro debajo del barco y depositarlo encima de este, había que calzarlo y sujetarlo bien para evitar cualquier movimiento durante el transporte por carretera. Durante toda la maniobra a Víctor le  ayudaban cinco personas dos a proa y dos a popa que tiraban cada una de ellas de un cabo para orientar la embarcación y evitar que bamboleara y la quinta que gobernaba los mandos de los cabrestantes para izar o arriar el barco según las órdenes que recibía de Víctor.

            La operación duró aproximadamente treinta minutos, estaban acostumbrados a hacer este tipo de trabajos eran gente muy eficiente.

            A las ocho de la noche di por terminada mi jornada salí del astillero, cogí el coche y me encaminé a hacer los treinta y cinco  kilómetros que me separaban de El Campello puesto que estábamos los chicos y mi mujer disfrutando todavía las vacaciones de Semana Santa, en poco más o menos treinta minutos estaría con ellos.

            Cuando llegué a la urbanización serian aproximadamente las ocho cuarenta y cinco mi mujer  estaba charlando muy animosamente con sus amigas  de la playa, como nosotros les decíamos, ya que nuestra residencia habitual era a unos cincuenta kilómetros en el interior en la ciudad de Elda, amistades de más de quince años, Alexis el pequeño con nueve años andaba jugando con sus amigos por toda la urbanización y el mayor Ismael a sus quince años ya iba tonteando con las niñas de su edad.

            Tomé asiento al lado de mi mujer y de sus amigas y charlamos un rato sobre el trabajo, los chicos y los pocos días que quedaban para volver otra vez a nuestro hogar habitual, los chicos tenían que incorporarse a los colegios el próximo lunes.

            Sobre las nueve y media nos retiramos a casa para preparar la cena y conversar con los chicos y ver un ratito la tele.

Durante la cena les comente que papá saldría a navegar hacia el Masnou muy cerquita de Barcelona el próximo jueves de madrugada y aproveché para invitar al mayor de mis hijos para que me acompañara en el viaje ya que a él gustaba mucho la navegación y me había acompañado en otras ocasiones en navegadas cortas como El Campello-Santa Pola  o a la isla de Tabarca, le comente que esta sería una navegación con escala de una noche y que lo iba a pasar bien y que sería una navegación interesante. La madre hizo una cara de no agradarle la idea ya que a ella los barcos no le hacían demasiada gracia ella es más de tierra adentro y mucha playa en verano pero lo de subirse a cosa que flotan pues mas bien no, recuerdo que un verano compré un velerito de siete metros y nunca se embarcó en él.

Bueno, ¿que me dices hijo te vienes con tu padre? Le pregunté.

-No, no me apetece, prefiero quedarme aquí en la playa con mamá y el tete además tengo  planes con mis amigos, tenemos planeada una fiesta el fin de semana-. Me contestó.

            La madre, suspiro con cara de alivio como quitándose una preocupación, ella, sé que lo hubiera pasado mal si el chico hubiera dicho que se venía, esos días de navegación ella estaría siempre como si su vida pendiera de un hilo, así son las madres, siempre con la preocupación del bienestar de su familia y sobre todo de sus hijos.

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domingo, 6 de febrero de 2011

Regreso a casa ------------- Capítulo Quinto




            Subimos al Citroën Cx que estaba en el aparcamiento del hospital y nos dirigimos al hotel para recoger el equipaje.

            Yo iba sentado en los asientos traseros viendo el tráfico de la ciudad y a las gentes paseando por las aceras de las calles, observaba todo este movimiento que  me parecía como algo nuevo, era como si fuera la primera vez que veía el espectáculo callejero. Me sorprendía el ir y venir de la gente, era como un renacer a la vida, me estaba reincorporando, estaba saliendo del sopor.

            En diez minutos habían pagado la cuenta  del hotel, bajaron las maletas, las colocaron en el porta equipajes y estábamos en marcha, yo les esperé en el coche.

            Circulábamos por la autopista en dirección Alicante y nos manteníamos los tres en un profundo silencio, me daba la impresión que los tres nos encontrábamos en un proceso de recopilación de acontecimientos. Mi mujer, tenía la mirada perdida en el horizonte. Pedro conducía en silencio pero su cara también tenía una mueca de andar inmerso en pensamientos profundos. Yo, iba mirando el paisaje por la ventanilla de la izquierda, por la que de vez en cuando se divisaba el mar.

            La vista del mar me dejaba la mente en blanco, sin reacción, hasta que llegamos a la altura de la central nuclear de Valdellos.

            Reconocí la zona por donde circulaba el coche, estábamos delante de la nuclear, se contemplaba  una gran extensión del Mediterráneo y yo sabía que era allí donde nos hundimos. Un escalofrió me recorrió toda la espalda. Ahora la mar estaba en calma y brillante por los reflejos del sol en todo su cenit, pero a mí se me aparecían las gruesas olas y las ráfagas del viento huracanado me pegaban con fuerza en la cara. Me descompuse. Se me llenaron los ojos de lágrimas y los cerré. Me encontraba totalmente tenso y crispado con mis palpitaciones aceleradas, el pecho lo tenía oprimido y me costaba respirar.

            Me deje caer en los asientos e intenté controlar la respiración.
           
            Lo estaba pasando muy mal. Era tal el cúmulo de imágenes que se me presentaban que me estaban asfixiando.

            Conforme  el coche se iba alejando de la zona, yo me  iba relajando y volviendo a la normalidad, solamente se me quedó un dolor en las sienes.

            (Han transcurrido muchos años y cada vez que paso por esta zona tanto por carretera como en tren siempre me estremezco.)

            El coche se detuvo en un área de servicio de la A7 donde bajamos a tomar un tente en pie y que el conductor descansara un poco, estábamos cerca de Valencia a mitad del camino  de casa.

            Tomamos un sándwich mixto cada uno con una botella de agua. Durante el pequeño refrigerio, a penas se conversó, se respiraba  como un ambiente de recogimiento y de pensamientos internos. Fueron como cuatro frases cortas y escuetas,  algo así como “Ahora mismo estamos en casa”, “Nos estarán esperando”, sin mucho énfasis.

             Había sido duro todo lo acontecido y siempre estaba en mente que podía haber acabado peor.

            El viaje transcurrió sin ningún avatar.

            Cuando llegamos al campo, la casa de mis cuñados en la cual también vivían mis suegros y era donde estaban mis hijos, el recibimiento fue muy emotivo, mis hijos se me abrazaron con fuerza me besaban sin parar y no me soltaban.

            Los besos, los abrazos y los llantos de alegría se prodigaban por doquier.

            Fueron momentos tremendos emocionalmente.

            Indescriptibles.

            Estuvimos  poco tiempo en compañía de mis cuñados y mis suegros, recogimos a los niños y Pedro nos llevo a casa, ya estaríamos juntos y conversaríamos sobre el tema en un par de días.

            Teníamos necesidad de llegar a casa para estar juntos y tranquilos, nos necesitábamos, deseábamos acaparar nuestra proximidad, los cuatro unidos.

            Llegamos a la puerta de nuestra casa descendimos del vehículo descargamos el equipaje  y nos despedimos de mi cuñado.

            Abrió la puerta de la calle mi mujer, los chicos cogieron el equipaje entramos y nos dirigimos al ascensor, llegamos a nuestra planta  mamá abrió la puerta, entramos, me dirigí al salón y me dejé caer en el sofá.

            Mi mujer se sentó al lado mío abrazándome y nuestros hijos se colocaron uno cada lado de nosotros.

            Volvíamos a ser una familia....

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Capítulo Cuarto

Lunes ocho de abril de 1.991.
           
            Estaba deseando que llegara el día de hoy lunes, confiaba que los médicos vinieran para comunicarme que todas las pruebas estaban bien y que me podía marchar a casa, eso me reconfortaba y me desesperaba al mismo tiempo, vinieron a traerme el desayuno y a hacerme la cama, pero  a los que esperaba con impaciencia era a mi mujer y a mi cuñado.
            Sabía que cuando Pedro llegara al hospital, lo primero que haría sería ir en busca de los médicos que se ocupaban de mí para ver que no demoraran el alta si es que me la daban y poder salir lo antes posible.
            La impaciencia me devoraba, dicen que:
             “El que espera desespera”.
            Y es cierto,  el tiempo no pasaba, pero me consolaba pensando en lo que había sucedido tres días antes, que por poco no lo cuento, ahora me encontraba confortable en la cama de un hospital con todas las atenciones y reponiendo mis fuerzas a toda velocidad a la espera de mi mujer y a pocas horas de ver a mis hijos.


            Esto me tranquilizaba y me subía el ánimo.
            -Ahí estaba, entrando por la puerta, puntual a su cita, con una bolsa de deportes.-
            -Hola, papá, ¿cómo has pasado la noche? Me dijo mi mujer
            Se acercó a mí y me besó.
            -Bien, ¿y Pedro? Le pregunte.
            -Ha ido en busca de tus médicos-. Dijo.
            -Lo que yo me figuraba-.
            Serían sobre las once cuando aparecieron dos doctores y una enfermera en compañía de mi cuñado.
            Venían conversando muy distendidamente, nos saludaron y me preguntaron cómo me encontraba.
            -Muy bien, con ganas de irme a casa-. Les respondí.
            Le indicaron a la enfermera que me quitase la vía y uno de ellos me auscultó.
            Cuando terminó, me dijo que me levantara de la cama, quería comprobar mi fuerza y mi agilidad.
            Yo mismo me sorprendí, ya que lo hice fácilmente. (Lo que hacen dos días de cama y descanso y la compañía de lo que más quieres.) Anduve caminando por la habitación, yo por mi cuenta hice un par de flexiones  mientras los doctores me observaban, cuando acabé me senté en la cama de nuevo.
            El doctor me informó que todas las pruebas estaban perfectas, que se habían sorprendido de la rapidez de mi recuperación y que no tenían ningún inconveniente en darme el alta vigilada y que hacían responsable al Dr. Esquembre (mi cuñado) de este periodo de vigilancia.
            Se despidieron de nosotros no sin antes desearme una pronta recuperación total.
            Pedro se marchó con ellos y yo me abracé a mi mujer.
           
            -Venga, vístete.  Me dijo mi mujer. Mientras se agachaba a recoger la bolsa de deportes que había traído con ella y la había dejado en un rincón de la habitación.
            La depositó encima de la cama y sacando de ella una muda, calcetines, un pantalón, un polo, una cazadora y unos zapatos deportivos.
            Me vestí veloz como un rayo y nos sentamos en la cama a esperar que viniera Pedro.
            Mi mujer se apoyaba en mí, yo la tenía cogida por el hombro y nos besábamos.
            Pronto estaríamos en casa lejos de la pesadilla.
            Cuando entró Pedro a la habitación, dimos un salto y nos pusimos de pies los dos a la vez, estábamos deseando salir de allí.
            -Ya tengo todos los papeles del alta, nos podemos marchar-. Nos dijo.
            Y salimos del hospital en el que también me había tratado y había velado por mí.
            Gracias a todo el personal sanitario del “Hospital Universitario Juan XXIII” de Tarragona por todas sus atenciones y desvelos que hicieron por mí.



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jueves, 3 de febrero de 2011

Capítulo Trecero

Domingo siete de abril de 1.991.

            Estaba medio despierto cuando entró la enfermera en la habitación portando una pequeña mesa con ruedas diciéndome:
            -Buenos días, vengo a extraerte un poco de sangre arterial para una gasometría-. Me dijo.
            Se acercó a la cama, se sentó junto a mí, preparó una pequeña jeringuilla  y me pidió que pusiera la mano vuelta hacia arriba encima de la pequeña mesa. Palpó con dos de sus dedos encima de mi muñeca buscando la artería, dio unos golpecitos y pincho sobre ella.
            Sentí un agudo dolor y como un fuerte destello, todo fue breve pero intenso, aquel pinchazo fue verdaderamente desagradable.
            -Ya está-. Dijo la enfermera.
            -Por que duele tanto ese pinchazo señorita-. Le dije.
            Es una zona muy sensible por eso es tan molesto, pero se pasa enseguida. Ahora le traerán el desayuno. Hasta luego.
            Vinieron dos chicas para hacerme la cama me fueron moviendo de un lado para otro con mucha soltura y sumo cuidado conforme iban quitando las sábanas usadas y poniendo en su lugar ropa de cama limpia.
            Cuando terminaron me dijeron como quería que me colocaran.
            -Un poco incorporado por favor-, les dije yo.
            Me acomodaron como yo lo deseaba y salieron de la habitación.
            Las sábanas estaban frescas y agradables bebí un poco de agua y me relajé un poco me había puesto bastante tenso con el pinchazo y con el ajetreo del cambio de ropa, respiré hondo y pensé que no tardaría en llegar mi mujer, la echaba de menos.
            Una joven sonriente entró con una bandeja portando el desayuno que consistía en un café descafeinado con leche, unas galletas y un zumo.
            -Buenos días, veamos cómo te tomas el desayuno, yo te ayudo-
            Puso la bandeja en la mesita, me colocó un almohadón en la espalda y volviendo a tomar la bandeja y me la puso sobre las piernas.
            ¿Necesitas ayuda?
            -No. Yo creo que puedo-. Le contesté.
            Comencé a desayunar.
            Estando de esta guisa entró mi mujer en la habitación.
            ¿Que tal has pasado la noche? Me preguntó. Acercándose y dándome un beso en la mejilla.
            -Bien, mamá. Me dieron un tranquilizante y he descansado bien esta noche, lo que me han hecho ha sido sacarme sangre de una arteria  y eso duele como un demonio-.
            ¿Y Pedro?  ¿Donde anda Pedro? Le dije, al ver que había entrado sola.
            -Hemos visto a un médico de los que se cuida de ti cuando hemos llegado a la planta y se ha parado con el ahora vendrá-.
            Termine el frugal desayuno y mi mujer depositó la bandeja en la mesita.
            Entró en la habitación mi cuñado  acompañado por el doctor Sánchez, me saludaron los dos y el doctor se aproximó con mi informe en la mano, dirigiéndose a mi dijo que me encontraba muy bien y que dependiendo de los resultados de la analítica y de la gasometría y por la insistencia de mi cuñado, siendo este cardiólogo y neumonólogo, si todo iba bien veríamos si mañana me podían dejar salir del hospital, aunque le parecía prematuro, debería permanecer tres o cuatro días más por si se presentaba alguna complicación, pero ya veríamos mañana, pasadas veinticuatro horas más en observación.
            -Ojala así sea, me gustaría levantarme doctor-. Le dije.
            -Muy bien, le diré a la enfermera que te ayude-. Dijo el doctor saliendo del cuarto.
            Cuando se marchó el doctor, mi cuñado me dijo:
            Estuve hablando ayer con el equipo de médicos y ahora cuando hemos llegado me he encontrado con el doctor Sánchez, lo que más les preocupa es que hubieras aspirado agua salada y se te presentaran problemas pulmonares, cuando ingresaste en el hospital te hicieron una gasometría y anoche me dijeron que te repetirían la prueba esta mañana, por eso te han sacado sangre arterial, por tu estado, que no has presentado fiebre y tus constantes que se han regulado muy rápidamente piensan que la prueba va a salir perfecta, eso lo sabrán mañana por la mañana además tiene que ver tu evolución la doctora que lleva tu caso, así que todo son noticias buenas, esperemos a mañana.
            Mi mujer y yo nos sentimos bastante reconfortados por las opiniones tan favorables vertidas sobre mi recuperación y por el gran interés que estaba mostrando mi cuñado hablando con todo el equipo médico para que no se quedaran dormidos, entre compañeros se ayudan y parece que se vuelcan mas, agilizando tramites y recursos, cosa que agradecimos y que seguimos haciendo a pesar del tiempo transcurrido.
            A continuación entraron como una exhalación la enfermera y su compañero el mismo enfermero grandón que  me ayudó el día anterior.
            ¿Que, intentamos otro pinito como ayer? Dijo la enfermera.
            -Si, peo hoy voy a intentarlo yo solo-.
            -Muy valiente eres tú, dejaremos a Martín cerca de ti por si acaso-. Me contestó.
            La enfermera  me ayudó con el gotero y yo con calma comencé a incorporarme, me senté en la cama pensé en lo que iba hacer, miré el quicio de la ventana calculando la distancia por si tenía que sujetarme y comencé a ponerme en pié, lo hice despacio, me puse derecho y apenas sentí mareo: anduve alrededor de la cama esta vez sin apoyarme en la pared hasta que llegué a los pies y  me agarré a la barandilla.
            Nadie dijo nada hasta que terminé el trayecto.
            La enfermera me estuvo siguiendo portando el gotero, Martín delante de mi reculando sin tocarme mientras mi mujer observaba toda la escena.
            Cogido a la barra de hierro pintado de blanco hice cinco flexiones de rodillas para estirar las piernas, fortalecer los músculos y reactivar la circulación sanguínea.
            Solo les faltó aplaudir a todos los que me rodeaban por la cara de satisfacción con que me miraban que sería la misma que yo mostraba.
            Quería recuperarme rápido, más rápido, necesitaba salir del hospital y volver con mis hijos, ese pensamiento esa necesidad me hacía sacar fuerzas de flaqueza, porque me dolía todo el cuerpo del esfuerzo, ya que no han transcurrido ni cuarenta y ocho horas de mi aparatoso rescate en el mar.
            Volví caminando hasta la cama me senté y me ayude con las manos en subir las piernas, tenía agujetas en las ingles del esfuerzo realizado, pero no necesité ayuda de nadie.
            Le pregunté a la enfermera por qué no me quitaban el gotero, a lo que me contesto que había ingresado en el centro con una gran deshidratación y que aun tendría que llevarlo un par de días más, era muy importante para la recuperación de todos mis órganos.
            Les di las gracias antes de que se marcharan, me encontraba cansado pero reconfortado, porque notaba que me venían las fuerzas, que me recuperaba, creo que esa tarde lo volvería a intentar, y así se lo comuniqué a mi mujer y a mi cuñado, les dije que en vez de ponerme la cuña iría al aseo por mí mismo.
            ¿Has hablado con los chicos? Le pregunté a mi mujer.
            -Si, hable con ellos a noche, y volveré hablar con ellos cuando salgamos a comer, a noche me preguntaron por ti y que cuando íbamos a volver, ellos están bien, mis padres y mi hermana también me dieron recuerdos para ti, llamé a tu madre está muy preocupada, dice que hasta que no te vea no va a estar tranquila, también he llamado a la playa para preguntarles por Gus y saber qué tal se estaba portando. Carolina saca al perro a pasear, bueno, más bien es el perro quien pasea a la niña, me dice su madre-. (Gus es nuestro perro de raza  bobtail).
            ¿Y el hotel donde os hospedáis como esta?
            -Bien, normal, la verdad es que si no me lo preguntas no me había percatado si es bueno, malo o regular, son tantas las cosas que se han sucedido y tan rápidamente que mi mente ha estado sobre cargada, pero bueno, ya estamos juntos y ahora mismo regresaremos a casa.
            Cuando termine de comer, Mi mujer y Pedro se marcharon juntos a llamar por teléfono a la familia y a reponer fuerzas al restaurante, yo quede tranquilo en la habitación, bueno, tranquilo solamente estoy por la noche cuando me dan un tranquilizante, porque durante el día las escenas calamitosas las revivo constantemente y las preguntas de porque y como inundan mi mente cuando estoy solo y el desasosiego se apodera de mi, revivo los momentos peores una y otra vez, me machacan los recuerdos, los escalofríos me recorren el cuerpo, y me dejan en un estado de agotamiento con dolores musculares y sudoración. Pienso que estas sensaciones me van acompañar durante mucho tiempo y van a cambiar mi vida por completo.
            Caí en un sopor huyendo  del combate con mis pensamientos y sentimientos del cual costó sacarme ya que actuó como mecanismo de defensa.
            Me sentí zarandeado, oía que me llamaban, cuando desperté, estaba mi mujer, mi cuñado y un doctor alrededor mío con cara de preocupación.
            Pregunte un tanto asustado que pasaba.
            Mi cuñado me dijo que cuando regresaron al hospital después de comer me encontraron dormido con un sueño un tanto agitado, poco después me tranquilicé pero siendo las siete de la tarde y ver que no hacia ningún movimiento empezaron a preocuparse, intentaron despertarte pero no lo consiguieron, no reaccioné, el grado de preocupación aumentó y consideramos que debíamos llamar al doctor y el te ha despertado.
            Entonces yo les expliqué lo que me había sucedido y como me sentí. El doctor me dijo que entendía lo que me había ocurrido y dijo que vendría el psicólogo hacerme una visita.
            Nos encontrábamos mi mujer y yo solos en la habitación conversando cuando unos minutos antes de las ocho de la tarde entró la misma doctora que me dio la mala noticia de la muerte de mi compañero era la psicóloga.
            Nos saludó diciendo:
            -Buenas tardes, te veo bastante recuperado y con muy buen aspecto, me han dicho que desde ayer mismo te has empezado a levantar pidiéndolo tu mismo, muy importante que tengas buen ánimo de recuperación-.
            -El que esté aquí tu señora, es importante para tu estado de ánimo que estés cerca de tus seres queridos, se que estas deseando salir de aquí y volver con tu hijos y ver a tu familia, todo esto suma a tu favor, pero también es cierto que has pasado por una situación  muy comprometida que es lógico que psíquicamente te cueste superar y que tu cuerpo cree defensas ante esa situación-.
            -El sopor que te sobrevino esta tarde es una reacción de la psiquis  contra la situación angustiosa de tu sueño-.
            -Es posible que suceda que no tengas ganas de ver a nadie cuando regreses a casa, es normal que esto ocurra, pero debes de vencer esa situación, debes de relacionarte con las gentes no te aísles  no caigas en una depresión. Te estoy hablando así de claro porque te veo una persona fuerte y capaz de salir de esto y de situaciones peores-.
            -Cuando estés en casa, descansa unos días, pero no tardes en reanudar tu quehacer cotidiano, incorpórate al trabajo y a tus compañeros, enfréntate a la vida,  es uno de los mejores remedios contra la depresión-.
            -Si la gente te pide que le cuentes lo sucedido, cuéntalo, cuantas más veces mejor para que vaya haciendo costra, al principio te costará  después con el tiempo, se convertirá en una anécdota-.
            -No dudes en pedir ayuda profesional, hazme caso, la mejor ayuda eres tú y tu familia-.
            Ha sido tan precisa y concisa la doctora que cuando me dijo si tenía alguna pregunta le dije que no. Jamás en tan breve espacio de tiempo había oído una argumentación tan descriptiva y tan aclaratoria para describir mi sentir presente y creo que futuro.
            La doctora charló un rato con mi mujer sobre nuestra relación, sobre nuestros chicos, también sobre nuestro trabajo y sobre algunas pautas a seguir.
            Fue casi una hora de conversación intensa y agradable, muy aclaratoria y preventiva.
            La doctora se despidió de nosotros deseándonos buena suerte, nos dijo que esperaba que las pruebas que me habían hecho salieran favorables y así pudiéramos irnos a casa.
            Cuando salió la doctora entró Pedro, que unos minutos antes había abierto la puerta y al ver a la doctora se quedo fuera de la habitación.
            Le comente un poco la conversación para que estuviera informado.
            Como era muy tarde, mi mujer y Pedro decidieron retirarse, no sin antes insistirme mi mujer en que quería quedarse a pasar la noche conmigo en el hospital, a lo que me negué rotundamente, ya que no había ninguna necesidad de pasar mala noche los dos, ella por descansar mal en un sillón y yo de estar pendiente de ella, así que se marcharon.
            La enfermera llegó con mi cena, muy cabreada ella, ya que no me la había podido servir a mi hora por estar la doctora. Le dije que no me apetecía que prefería un vaso de leche y unas galletas, ella me contestó que sin ningún problema.
            Al rato entro trayendo en una bandeja con lo que le había pedido mas una manzana, diciéndome  que era por si me apetecía mas tarde. Buena gente.
            Le di las gracias y se marchó.  

martes, 1 de febrero de 2011

Filosofía

Filosofemos un poco

Hoy he escuchado una frase que me ha impresionado….

                                   Solo  tienes  que  vivir  un  día
El día a día.

Y después he encontrado  esta otra pregunta y su posterior razonamiento.
 
¿Es posible tener mentalmente la habilidad de vivir el día como si fuese tu último día?

Mentalmente es imposible, porque el tiempo pertenece a la mente, para poder vivir en el ahora, tienes que vivir desde un modo más profundo, desde el corazón, porque la mente siempre esta esperanzada en el mañana, pero la realidad es que mientras vivas desde tu mente vives como un desierto, inclusive el desierto sueña con arroyos y refrescantes cascadas...

Tu vives en un INSTANTE ETERNO, el tiempo psicológico es solo una ilusión, cuando tu reloj pasa de las 12:59 a la 1:00 crees que la división es real?, crees que ese segundero separa tu "día" del "otro"......la habilidad de vivir día a día consiste en ir entrando en la dimensión del ahora, inclusive en este preciso instante no hay tiempo, si te cuesta comprender esto por AHORA ten algo presente:

El mañana llegara como el hoy, si no estás alerta caerás en la misma trampa de la mente, porque para la mente el hoy no existe, para la mente el hoy siempre le resulta insuficiente, incomodo, solo vive en las proyecciones del mañana, pero cuando el mañana llega, ya se ha convertido en el hoy, y ahora continuara con su táctica de montarte un mañana.......

Vivir como si fuese tu ultimo día no puede ser posible a través de la mente, es estúpido, porque de hecho, SOLO TIENES ESTE DÍA, el truco está en que tu MENTE PIENSA, TE HACE CREER que tendrás un mañana, viviendo desde el corazón comienza a surgir una fuerza que te impulsa a disfrutar más de la vida, comienzas a sentir la vida dentro tuyo, la mente en si no es mala, es una herramienta magnifica, pero solo si tú la dominas a ella, solo si el corazón la guía a ella........de lo contrario, debido a eso hay científicos y hombres que han construido bombas atómicas, eso ser dominado por la mente, no es ser inteligente ni mucho menos......vivir al día es vivir inmenso en lo que tienes ahora, es responder a la situación de una manera fresca, sin pensar en el resultado final, no te has encontrado en situaciones en las que tu corazón quiere hacer algo, e inmediatamente la mente te dice "no, no puedes, lo harás mal" ja ja, es muy calculadora, pero muy torpe...... el corazón siente algo y la mente lo detiene......

Yo estoy totalmente de acuerdo  ¿ Y vosotros?